Desde el Pulpito

Lo que nos enseñan las pruebas | 1ra. parte

LO QUE APRENDEMOS DE LAS PRUEBAS
Deuteronomio 8:1-5

INTRODUCCION
Casi todos soñamos con la vida ideal, libre de problemas, en la cual todo es perfecto o al menos cerca de esto, pero casi nunca tomamos en cuenta las realidades de los imprevistos en nuestros libretos de vida, casi nunca pensamos en las posibilidades de que ocurrirán situaciones adversas; peor aún, en ocasiones llegamos, incluso, a pensar que como hijos de Dios, y a veces por causa de nuestro servicio al Señor, no nos debe tocar ninguna, pero nuestro Señor piensa y ve las cosas de manera diferente.

Para entender mejor la enseñanza, como nos sugiere 1 corintios 10:11, veamos algunas similitudes entre el pueblo de Israel y quienes formamos hoy la iglesia.

A. El Señor trajo libertad de la esclavitud. En cuanto al pueblo de Israel, fue libertado del yugo opresor de Egipto; los que hoy forman la iglesia fueron libertados del yugo del pecado y sus consecuencias eternas.

B. El Señor trajo libertad de manera milagrosa. Al pueblo de Israel a través de las diez (10) plagas (Ex 7-13). A los redimidos que hoy forman su iglesia, trayéndolos de muerte a vida (Ef 2:1-8).

C. El Señor escogió con propósito. En cuanto a Israel para dar a conocer su carácter y esencia al mundo. La iglesia fue escogida para dar a conocer al mundo su plan redentor de las consecuencias eternas del pecado (Ef 2:4-7).

D. El Señor preparó para ambos pueblos un destino. Para Israel fue la tierra de Canaán, para la iglesia, la gloria eterna, lo oportunidad de pasar nuestra eternidad en su presencia.

E. El Señor ha probado a sus escogidos antes de llevarlos a su destino. Israel fue probado en el desierto; al iglesia está siendo probada en el mundo.

Ahora, con esta relación de similitudes entre el pueblo de Israel y su iglesia  en nuestras mentes, volvamos al pasaje que tenemos como base, Deuteronomio 8:1-5; y la primera cosa que aprendemos de tantas riquezas espirituales contenidas aquí es que:

El Señor espera fidelidad de los suyos como condición esencial para el disfrute de sus promesas (v.1). Aunque sus favores, misericordias y beneficios son aparentemente dadivas incondicionales para sus hijos, lo cierto es que demandarán algo de nosotros, en algunos casos obediencia incondicional a cualquier costo, en otros, alabanzas y agradecimiento aun por encima de la gravedad de nuestras circunstancias, en otros consagración y fidelidad que no solo rayen, sino que en ocasiones traspasen los límites de la existencia misma. – Gal 2:20

En segundo lugar aprendemos que el Señor dirige las vidas de los suyos (v.2). El camino recorrido en nuestras vidas ha sido preparado y supervisado directamente por el Señor. En el no hay casualidad, en el verso 16 del capítulo 139 de los Salmos se nos informa que en su libro estaban escritas todas nuestras cosas sin faltar una de ellas; el Señor conoce mejor que nosotros el origen y propósito de nuestras pruebas.

En tercer lugar aprendemos que las pruebas tienen fecha de vencimiento (v.2). Si damos una mirada al pasado y consideramos las pruebas padecidas, notaremos que de algunas ni siquiera sus grados de dificultad y gravedad recordamos, aunque en el momento nos impactaron muy fuerte. Algunas pruebas terminarán en el transcurso de lo que resta de nuestras vidas, otras nos acompañarán hasta la muerte (algunas la provocarán), pero ciertamente ninguna de ellas trascenderá las fronteras de esta vida; una vez resucitados por nuestro Señor Jesucristo, nuestros cuerpos glorificados no podrán ser afectados nunca jamás por las adversidades. – 2 Cor 4:16-17

Toda prueba ante la eternidad gloriosa que nos espera, es solo una breve tribulación momentánea.

En cuarto lugar extraemos del verso 2 que las pruebas están diseñadas para revelar nuestro carácter. Así como el oro es probado con fuego para eliminar las escorias y determinar su calidad, los hijos de Dios son probados para revelar la suya. El Señor ya nos conoce, mas no así nosotros a nosotros mismos; el amor que muchas veces decimos sentir y tener por nuestro Salvador, a veces no pasa de ser un mero interés en los dones del dador, y no devoción por el dador de los dones; el grado de dificultad de la prueba que padezcamos revelará, si es que existen, la cantidad y profundidad de nuestras grietas.

Job fue probado gradualmente, primero les fueron arrebatados sus bienes e hijos (Job 1:13-19), y luego su salud (2:7-10), pero aun así mantuvo su integridad dando testimonio de su inquebrantable devoción al Señor. -Mat 13:20-21

Las pruebas exponen nuestro nivel de fidelidad y devoción para con el Señor.

En quinto lugar tenemos que las pruebas buscan centrar de manera más clara nuestras miradas y corazones en el Señor (V.2). Job pretendía y presumía conocer al Señor, sin embargo, fueron las pruebas las que en lugar de distorsionar su imagen sobre el Señor y alejarle, le llevaron a acercarse más y reconocer que realmente no le conocía como debía (Job 42:1-16). Así mismo, el Señor, en ocasiones nos removerá el suelo debajo de nosotros, romperá una pata de la silla sobre la cual estamos sentados, quebrará el bastón sobre el cual nos apoyamos o nos sacará de nuestra zona de comodidad de manera que toda nuestra dependencia y sustento estén en él y no en nuestras capacidades, recursos o circunstancias.

Este pasaje contiene, específicamente en los versos 3 al 5, otras riquezas espirituales que exploraremos en detalle en una segunda parte de este estudio, mientras tanto roguemos al Señor concedernos, por medio de su Espíritu Santo, pensar y entender mas como él que nuestras pruebas en sus planes tienen buenos propósitos temporales y eternos para nosotros; hasta la próxima.

 

Ps. Pedro Castillo