Música

HIMNO: HAY UN PRECIOSO MANANTIAL

Escrito en 1771 por el poeta inglés William Cowper, renombrado cristiano del siglo dieciocho, el cántico “Hay un precioso manantial” es considerado una melodía magistral de la música evangélica de todos los tiempos que brilla por su mensaje de fe.

La alabanza, publicada por primera vez en 1772 en una colección de salmos e himnos editada en Inglaterra,  pone atención sobre el poder salvador de la sangre de Jesucristo y la capacidad restauradora del amor Dios.

Cowper, quien nació el 26 de noviembre de 1731 en el seno de una familia cristiana, compuso esta canción luego de superar un profundo abatimiento emocional que lo colocó muy cerca de la muerte. Sobre este punto, existen evidencias concretas respecto a que el autor evangélico, desde su niñez y a lo largo de gran parte de su juventud y adultez, debió enfrentar una existencia plagada de sinsabores y pesares, como el deceso de su madre, que solo fue restaurada por la Palabra de Dios.

Reconocido como el precursor de la poesía romántica del Reino Unido, se entregó al Señor en 1765 y con la ayuda del Evangelio dejó atrás el desconsuelo y la amargura que dominaron su existencia durante más de tres décadas. Luego, su compromiso con Dios y su interés por el arte lo llevaron a convertirse en uno de los poetas más populares de su tiempo. Guiado por su entrega al Señor, Cowper creó un sinfín de poemas religiosos que abordaron diversos aspectos bíblicos.

En su labor creativa, cuando estaba establecido en la ciudad de Olney, Cowper conoció en 1767 al escritor John Newton, autor del afamado himno “Sublime gracia”, con quien se unió para trabajar a favor de la propagación del credo de Dios a través de la música. Ambos hombres de fe, que laboraron codo a codo durante más de una década, publicaron en 1779 una recopilación de canciones cristianas denominada “Himnos de Olney” de gran influencia en la poesía evangélica inglesa.

Inspirada en uno de los pasajes finales del libro de Zacarías, la canción “Hay un precioso manantial” relata una de las verdades bíblicas más trascendentes: la sangre de Cristo purifica del pecado y de la inmundicia. Escrita en Olney, bajo la guía del Espíritu Santo, la composición de Cowper se destaca como un monumento a la gracia del Señor y es aún hoy, doscientos cuarenta y cinco años después de su creación, un himno evangélico muy popular a nivel internacional.

Llamado “el David de la poesía inglesa”, William Cowper no solo redactó poemas religiosos, sino también creó una serie de versos de carácter social de gran acogida en suelo inglés. Sin embargo, Cowper, quien falleció el 25 de abril de 1800, hoy en día es honrado por su contribución a la música sacra y por el encomiable trabajo evangelizador que desplegó durante más de tres décadas. De igual forma, su himno “Hay un precioso manantial” ocupa un lugar especial en el mundo evangélico.

Hay un precioso manantial

1
Hay un precioso manantial
de sangre de Emmanuel,
que purifica a cada cual
que se sumerge en Él.

Coro
Lávame, Señor Jesús,
en la sangre de tu cruz:
lávame, Señor Jesús,
y más blanco que la nieve seré.

2
El malhechor se convirtió
pendiente de una cruz;
Él vio la fuente y se lavó,
creyendo en Jesús.

3
Y yo también mi pobre ser
allí logré lavar:
la gloria de su gran poder
me gozo en ensalzar.

4
¡Eterna fuente carmesí!
¡Raudal de puro amor!
se lavará por siempre en ti
el pueblo del Señor.

Fuente:
Impacto Evangelístico

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